Me mudé aquí cualquier día del mes de enero no recuerdo muy bien el momento exacto, quizás incluso fuese principios de febrero, pero eso no importa, es relativo. Afincarme en una nueva ciudad nunca se me dio del todo mal, al menos tengo don de gentes, soy amigable e introvertida,  esta vez, admito que me costó y ahora no lo cambiaría por nada. 
Las calles no huelen a humedad, no es ese olor fuerte a piedra que rebosan las paredes de la vieja Santiago de Compostela (la cual hecho de menos), si no que se traduce en una sequedad apacible, nocturna. He salido en muchas zonas, pero esta me atrapó, día tras día, en sus cuatro bares que de vez en cuando me acogen. Lo más cerca que estuve de la libertad puedo decir que fue aquí, sin nadie que me espere al otro lado de la puerta, sin verguenza, sin razones ni motivos para no trasnochar. Que le puedo contar yo a una cerveza que no sepa, a un desconocido que busca conversación en los labios de otro sin interés alguno. Lo cierto, es que no sabría explicarme, pero por casualidades, errores o simplemente desacuerdos con el camino trazado, escogí un destino, venid a visitarme, por que me quedaré aquí durante un tiempo indefinido. 
pd: nos vemos en los bares.