¿Será otra vez capricho? Espero que no.
De nuevo estaba borracha, pero exageradamente ebria. Mis piernas fallaron en algún momento, pero nunca la cerveza, y apareciste tú, en el medio de cientos, de rostros sin nombre y de color oscuro, sin vida, sin llama en la que poder fijarme.
Humos y cubatas, sonrisas sin lágrimas. Clavé mi mirada en la tuya, ¿habías pasado desapercibido todo este tiempo?, si. No sé si fui injusta queriéndote de repente, besándote de repente y robarte como una gata sin gato. 
Odio la sensación del alcohol de por medio, no me explico, me sale mi otro yo, el revolucionario, el diablo que me quema dentro. 
Me gustan tus revoluciones, tus rayas en la ceja derecha, tu forma de agarrarme sin haber follado, sin desgastar sábanas ni manchar el colchón. Y te tengo ganas, irrefrenables ganas de verme comiéndote sin mañana. Olvídalo, quizá, sólo sea un capricho a doscientos kilómetros por hora. La incertidumbre, la ansiedad, mi impaciencia, mi mente ninfómana contra tus pocas ganas.