En algún momento de estos últimos meses llegué a pensar que no volvería a escribir de nuevo aquí. Me alivia y reconforta la idea de poder volver a sentarme entre cuatro paredes reflejándome en una pantalla.
De nuevo yo, mismo ordenador, diferente localización, hombres, camas y personas. Auténtica comodidad instalándome en la Calle de la Libertad dentro de la puerta roja viviendo en soledad. Lo voy llevando, o sobrellevando, por que cuesta, cuesta verte a ti misma todos los días delante del espejo, de la nada. Cocinar para uno, comprar para uno, y comida para el gato, si, Hitler murió hace ya mucho tiempo, no pretendo ni recordarlo, dañaría cada neurona que aún me queda viva después de estos días. Humphrey, así le llamo.
Estoy perdida, os lo juro, ese punto exacto de ansiedad que entra mimosamente inhabilitando los buenos momentos. Se me pasará, siempre digo lo mismo. Siempre actúo igual.
Hombres hombres hombres y más hombres y me meto con el equivocado en cama durante seis odiosos meses, aún me estoy recuperando. Y luego otro, y luego otro capricho por el que otra vez estoy prendida, de su sexo, su sudor y su sonrisa, uf miento cada vez que digo que puedo llegar a querer por que sé que no es así. Llegará otro, y ya sabréis lo que pasará, de oca a oca y tiro por que me toca. Hasta que años me tocará vivir? PUTAS preguntas sin sentido poco menos intelectuales que las que se preguntó en algún momento Freud.
Buenas tardes.