Cuando le conocí no me sorprendió su 'café cortado' ni su aspecto físico desaliñado, tampoco su carácter y aun que parezca increíble no me había fijado en su forma de fumar. Por el contrario me fascinó su mirada obscena, las mil caladas a un cigarrillo, su inteligencia, todo lo que me revolvía el estómago a las cuatro y media.
Por que evidentemente lo primero fue un café, los siguientes chupitos de whiskey, mis confesiones contra sus pocas palabras. Me enamoré de su modo de vida, el desastre del momento y la incapacidad de nuestras relaciones sexuales. Adoro su casa, cada pequeño rincón detallado de su casa me enloquece, incluso el arte de dejar el polvo sobre los restos que quedan de sus obras.
Sin conocerle antojaba nervioso, distraído, bohemio, trastornado. Lo sé, una descripción fuerte para una personalidad aparentemente normal, tranquila e inestable. Me recordaba a mi, cada movimiento o forma de tocarme me excitaba, me excita.
Me encanta recostarme a su lado y mirar películas que creía inexistentes. Buenos guiones, largos argumentos, sin color, todo preparado para que nuestra historia sea contada por algún escritor francés que pretende dar el salto a la gran pantalla.
Sonábamos sin necesidad de soundtrack, bebíamos más rápido que las agujas del reloj, nos sobran a día de hoy temas de conversación, cuentas pendientes o bocas que escupan sobre nosotros. Por que entiendan que a mi me da igual verme con un hombre que me dobla la edad incluso en madurez.
Entonces me miraste, mojé de nuevo las bragas, se me encogió el infierno y desarmada sólo pude pronunciar una frase imitando el sentimentalismo de Dolan en sus films: '' si yo no me fuese y todo lo bueno acabara, no sería una historia para contar, a quién le siguen gustando las películas que acaban bien?''.