Tu castellano con acento madrileño me recordaba el por qué una vez yo dejé de hablarlo, al igual que tu fular rodeándote el cuello pidiéndome a gritos que lo sacara para comerte el cuello. Estar sentada en esa silla con tus manos arrastrándose entre mis piernas me convencía una y otra vez para largarme contigo en el coche, pararnos en el lugar de siempre.
No sé si alguien de los que estábamos en la mesa escuchaba tus inadecuadas guarradas hacia una chica, que en este caso al ser yo esa chica me ponían a más de mil. Dejarse llevar? Hasta que punto? me pregunté. Que idiota, en realidad mi pregunta siempre fue por qué no?.
Maldito Quique Gonzalez con su ¿cuando vas a venir otra vez por aquí?, por que aun que tú no lo sepas esas cosas son las que se quedan en mi cabeza, como el 'Abrázame' que nunca fué de Iván Ferreiro. Es ahora mi culpa? eso de escuchar love of lesbian y ser amigo de Antonio Vega.
Eres tú con tus estúpidas gafas de pasta y tu inocente sonreír de niño pijo, lo de manipularte como bien dice tu primo está siendo difícil esta vez, en cambio, a ti, se te da de puta madre. Como decía antes, lo que me llevó a follar en el capó no fue por añadir uno más a la lista si no por las muchas reglas que me pasé por el forro al estar contigo, señor agente.