Ese avión sin parada y con destino. Ir y venir sabiendo a dónde, y te encuentro. Estás buscándome sin aparente resultado, pero ahí estoy yo, frente al espejo tocando tu mano. Quiero que me recuerdes así, acariciándote la espalda, recorriendo tu cuerpo, jugando con tus manos, esas que disipan tanto calor y placer.
Entre ventanas, entre noches oscuras, entre amaneceres llegando al final y siempre acabando sumergidos en el mismo vaivén de locura, cristales rotos, coches húmedos, bragas mojadas.
Qué fácil es llevarme por el buen o el mal camino, siempre dejándome llevar, siempre rompiendo reglas y acatando otras tantas, siempre de peón en peón hasta que te encuentras con el rey.
Me muerdo, te muerdo y no necesitamos ni la piel, ni el calor ni el frío con la cama nos llega, cuantas porquerías se nos da por hacer en tal superficie.
Y caigo al vacío sin suelo continuamente, sin nada que me pare, por que no sé frenar, no tengo espuelas, no tengo ya pajas mentales que no sean desde tu entrepierna.
Robar o quedarme sin nada que no tenga tu olor, por eso decido rebuscar entre tus recuerdos, en todo lo que eras y eres tú o tú sin mi y me encuentro porno. ¡Guarro! Como me chifla, como me engancha una y otra vez encima de una batería, bajo la mesa, sobre la repisa, con zulú de fondo.
Puede que no entendáis nada leyendo, si es que alguien lo lee realmente por que entiendo que esto es hablar conmigo misma, expresarme, soltarme y no busco comprensión de nadie por que no la hay, solo un amasijo de vivencias esparcido formando frases con letras, con mis dedos tan delincuentes como el de cualquier mujer, con mis manos tan manchadas como las tuyas y con mis ojos tan cansados como el que se le da por acordarse de mi. Soy impensable.