Después de escribir toda aquella sarta de sandeces estrambóticas a cerca de mi, voy a preocuparme por hablaros de los dos.
Pese a mis intenciones plenamente sexuales con los hombres, hace un tiempo follé con uno, digo hace un tiempo por que llevo más de dos meses sin estrenar otras sábanas que no sean ensuciar las del. Aquí viene la peor parte ¿qué pasa cuando esas dos personas son tan iguales en cuanto a vicios? la respuesta a esta pregunta fui capaz de resolverla en el momento exacto que quise repetir. Cuando besas eses labios llenos de alteración, de alcohol, de licor café de hachís y te haces adicto, y no sabes quien va más pedo de los dos y el sexo se transforma en lujuria sobre cualquier superficie, contra la pared. Sudor, placer, rápido, lento, sin parar un segundo, semen.
Sin palabras hablarse, o levantarte pegado sin saber quien se acuesta a tu lado, como la primera vez. Si yo os contase.... Mis historias con los hombres siempre habían sido las mismas hasta ahora, todo giraba entorno 'cuanto menos sepa de mi, mejor'. Fui niña para unos, mayor para otros, fui Laura, Paula, Loia, Lola también Carmen o como se llame esa estrella de Hollywood a la que dicen que me parezco.
Fui tantas sin saber realmente quien era, ellos no sabían con quien se estaban acostando, yo menos, pero era de lo que se trataba, no tener su número, no saber sobre su pasado y sobrepasar límites. A la mañana siguiente procedía al habitual rutinario: intentar no despertar al individuo para evitar los 'buenos días' (paso número uno), recoger todo lo que pudiese llevarle a mi o recordarme y vestirme olvidándome siempre el sujetador '¡qué puto desastre!' siempre me lo repetía a mi misma.
Entonces llega la historia del hombre con el nombre al revés por que el suyo no le gusta, la historia de la mente más compleja y personalidad más hábil que é contemplado hasta el momento. Y fué su ternura asegurada, sus forma de no articular palabra, de mirarme, de preguntarse si tiene sentimientos o nos limitamos simplemente a vernos para saciarnos el uno con el otro.
Y ya van dos meses, tres quizás, totalmente desarmada por completo. No sé si son sentimientos, amor, afección o ganas, pero a veces me apetece y otras no. Algunas quiero volver a probar otros sabores y otras me quemo por dentro masturbándome con su imagen.
Espero que, con el paso de los días o los minutos, me da igual, la situación emocional en la que nos encontramos se vea unida por algo más que las drogas.
¡qué bonita ida de olla, qué fluír por todo el cuerpo, última calada y para cama!