'Moriría por tí' y perdió la vida.

La reina no se olvida, 
ni con hostias, ni alcohol, ni enganchándose a la heroína.
Los zapatos se pegaban al suelo, 
acariciaba mi cara el vómito, pero la reina desde arriba me decía,
se cae uno para levantarse todos los días.
Y beso tras pasito a pasito caminaba un saltamontes, 
un Don Quijote que no era de La Mancha, que salía poniéndose con cada rayo de sol.
La buscaba a ella pero menguaban sus esperanzas en cada esquina que doblaba, 
la encontraba en sueños y la bebía en recuerdos. 
No era odio, ni rabia, 
no era un amargo sabor en la boca,
tampoco eran cicatrices en el alma, ni huecos en el corazón,
no era rencor ronco en el pecho, ni tragos vacíos,
era la tristeza de haberla perdido.
Inventó con ella la luna al unísono compás de un bravo mar en calma, 
poniéndole bandera sin necesidad de patria o pueblo y de ley la perversión.
Quería curarla saciándola con vicios
pero, ahuyentada por el aullido del lobo mi dueña salió corriendo.
Quedaba un desconocido perdido entre bosques de barras de bares, 
entre humo que no dice nada, humo de una tos egoísta de haberla conocido.
Sabiendo que costaría tanto lo que una vez le costó tan poco, 
desistió en sus intentos, se retractó, se contuvo, se dio por vencido.
La reina, que sin corona tenía príncipes,
la reina que sin dinero tenía castillo, 
que sin saber que tenía nada, 
me tuvo a mi.