Un día me propuse ser el todo de alguien. Me lo propuse con tanta convicción y ansia que logré conseguirlo. Pero lo que jamás pensé, es que, después de conseguirlo, él pasara a ser mi todo. Lo que en realidad intentaba, era tener a alguien que pudiera escucharme, con quien reír, bailar, saltar o llorar, y lo que de verdad pasó, es que acabé necesitándole de una forma indescriptible, tanto como el oxígeno para vivir o una sonrisa para ser feliz. Lo que empezó siendo un reto se transformó en amor.